La fidelidad exige que siempre, en la vida y en la muerte, te dediques a una sola persona, tanto si tu corazón lo desea como si no. Es una forma psicológica de esclavitud.
El amor trae la libertad; la fidelidad, la esclavitud.
El amor trae la libertad; la fidelidad, la esclavitud.
En la superficie se parecen; en el fondo, son justo lo contrario, dos cosas diametralmente opuestas. La fidelidad consiste en representar un papel; te han educado para ello. El amor es libre, salvaje; en eso reside su belleza. Llega como una brisa fragante, te llena el corazón, y de repente, donde había un desierto, florece un jardín. Pero no sabes de dónde viene, ni sabes que no hay ninguna forma de atraerlo. Llega solo y se queda todo el tiempo que la existencia quiere. Y al igual que un día llega, como un desconocido, como un invitado, otro día se marcha, de repente. No hay forma de sujetarlo, de aferrarlo.
La sociedad no puede depender de experiencias tan impredecibles, tan inestables. Necesita garantías, seguridades; de ahí que hayan apartado el amor de la vida y lo hayan sustituido por el matrimonio. El matrimonio reconoce la fidelidad, la fidelidad al marido, y porque es algo formal, está a tu alcance... pero no se puede comparar con el amor; no es ni una gota de agua en el océano del amor.
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